
Una vez te ves encarrilado a un futuro provechoso y de fácil lucro, las sombras del tedio y del aburrimiento caen sobre tus hombros como sendas tiras de plomo sobre arena de desierto. ¡¡¡Por dios¡¡ como me aburro en la puta facultad. Uno se presenta el primer día con su recién comprada mochila, sus mejores atuendos, e incluso algunas libretas y bolis, pero sobre todo con ganas de aprender y conocer gente nueva y fascinante. Hasta que descubres que fascinante es el borracho de la esquina que se gasto el premio gordo en putas cubanas, la gente nueva que conoces te sabe a polvo viejo en tus comisuras, y que lo que te interesaba no lleva a ningún lado.
Cada ve tengo mas claro que la universidad debiera asemejarse a las antiguas escuelas anarquistas valencianas, en la que cada chiquillo era libre de saber lo que quisiese...aunque claro, nos dejamos las calificaciones en el tintero, y en este cochino mundo no puede ser. Hablamos de un mundo donde las empresas crecen un 4% sobre el 104% del ejercicio pasado, y dejar de hacerlo se refleja como perdidas.
Señores vivimos una carrera hacia delante, huyendo de diablos encorbatados que huyen de números y pesquisas judiciales.
Deberíamos tomarnos un kit kat, y valorar si nuestro tiempo finito es dedicable a subir en un metro infestado, aguantar a idiotas que la lotería laboral ha tenido a bien de endilgarnos, comer rápido cualquier cosa, no hacer siesta, trabajar esclavistamente para un banco (a menos que te apellides Gates, o Hilton). Y todo para volver a las 22:08 a casa cenar una pizza de microondas, y cascarte una paja.
Somos una raza de seres patéticos.
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